Los mineros chilenos alcanzan la libertad

La operación de rescate en la mina San José fue mucho más ágil y rápida de lo previsto

FRANCISCO PEREGIL
"¿Y tú dónde estabas cuando rescataron a los 33 mineros?". Los periodistas chilenos que cubrían ayer el rescate de los trabajadores decían que durante muchos años la gente se hará esta pregunta en el país. La retransmisión recordaba la llegada del hombre a la Luna. Cuando la cápsula diseñada con la ayuda de la NASA bajó hasta los 622 metros de profundidad, los chilenos pudieron ver cómo varios mineros descamisados saludaban a su rescatador. A través de Internet y de la televisión presenciaron cómo el primero de ellos en subir, Florencio Ávalos, se despedía de los compañeros con los que había compartido 69 días de angustias y emprendía el viaje más largo: 15 minutos de suspense a lo largo de un oscuro túnel.
Su esposa lo esperaba al lado del presidente chileno, Sebastián Piñera, y su hijo Byron, de ocho años, no podía contener las lágrimas. En el campamento, alrededor de las hogueras, frente a una pantalla gigante o en lo alto de los cerros, cientos de personas estallaron en aplausos. También los periodistas. El campamento se había convertido en un lugar donde se subastaban las entrevistas con los mineros y se las llevaba el que más dinero tenía.
Durante ese tiempo algunos familiares de los atrapados habían hablado mal de otros, se habían producido disputas por ver quién abrazaría primero a su ser querido. Pero en medio de todo eso, de pronto, se hizo evidente la única verdad: 33 hombres escaparon de la muerte.
El segundo en llegar fue Mario Sepúlveda, el hombre que había ejercido de periodista durante las grabaciones de vídeo que filmaban a 700 metros de profundidad. Siempre había provocado las sonrisas de los demás y ayer no podía ser de otra forma. Desde antes de que asomara la cápsula a la superficie ya venía gritando. Cuando apareció, abrazó al presidente; al ministro de Minería, Laurence Golborne, le llamó "jefazo", y levantó el ánimo de todos los técnicos gritando el lema que más se oyó esa noche en la mina: "¡Ceacheí, eleé, chi-chi-chí, le-le-lé, los mineros de Chi-lé!".